Cuantas más palabras salen por tu boca, menos se retienen en tu mente.
Hace tiempo que mi boca y mi mente siguen caminos distintos, ni digo lo que pienso, ni pienso lo que digo... Sólo hablo y hablo... Siempre las mismas palabras. Distinta gente, las mismas palabras. Distintos lugares, las mismas palabras...
Palabras que sirven de monótona banda sonora a una sucesión continua de diapositivas... Fotogramas, encuadres capturados por mi peculiar cámara mental. Imágenes sueltas que se acumulan, pequeños cortos que se repiten con diferentes protagonistas.
Cada día es igual al anterior pero radicalmente distinto, una mirada, un portazo, una sonrisa... Un mínimo gesto puede cambiar tu perspectiva, puede abrir o cerrar el obturador de tu objetivo, modificar la foto, velar el resultado o dotarlo de una luz mágica.
Con cada nuevo sol que despierta, es una nueva sesión, un nuevo comienzo, un nuevo final.
Al llegar la noche, es el momento de revelar las instantáneas, de analizar cada cliché, conservando las buenas tomas y desechando las demás. Llenar el álbum de grandes trabajos para después mirarlo y sentir que todo este esfuerzo, tanto pensamiento omitido, tanto sacrificio, tantas palabras... Han merecido la pena.
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